Pocos desafíos en la crianza resultan tan agotadores como los conflictos constantes entre hermanos. Las discusiones, las quejas, las peleas físicas y la competencia incesante por la atención de los padres crean una tensión en el hogar que afecta al bienestar de todos y a menudo deja a los padres preguntándose si sus hijos llegarán a gustarse de verdad. Sin embargo, la rivalidad entre hermanos no solo representa un desarrollo normal, sino que en realidad es una práctica saludable para aprender a relacionarse, gestionar conflictos y convivir con personas que tienen necesidades y perspectivas diferentes. El objetivo no es eliminar todos los conflictos entre hermanos —algo imposible e indeseable— sino gestionar la rivalidad de forma constructiva mientras se construyen las bases de vínculos que duren toda la vida.

En The Governess & Co, nuestras niñeras observan y gestionan dinámicas entre hermanos a diario. Su experiencia profesional en numerosas familias revela patrones que distinguen los hogares donde los hermanos mantienen relaciones mayoritariamente positivas de aquellos caracterizados por la hostilidad constante. Comprender estos patrones ayuda a las familias a aplicar estrategias que reduzcan la rivalidad destructiva mientras apoyan el desarrollo de relaciones saludables que transforman a los competidores infantiles en aliados en la edad adulta.

Comprender por qué existe la rivalidad entre hermanos

Antes de explorar estrategias de gestión, entender las raíces evolutivas de la rivalidad entre hermanos ayuda a padres y cuidadores a abordar los conflictos con la perspectiva adecuada, en lugar de ver la rivalidad como una evidencia de fracaso parental o de deficiencias morales en los niños.

Competencia por recursos limitados

Desde la perspectiva de los niños, la atención, el afecto y la aprobación de los padres son recursos realmente limitados por los que merece la pena competir. Cuando un niño recibe la atención de los padres, los demás experimentan una privación real de algo que necesitan y desean. Esta competencia no indica que los padres no estén proporcionando suficiente atención en general, sino que refleja la realidad de que la atención dirigida a un niño significa necesariamente menos disponible para los demás en ese momento.

Esta competencia se intensifica durante periodos del desarrollo en los que los niños necesitan un apoyo adicional —comenzar la escuela, tener dificultades con amistades o atravesar transiciones complejas—. Los hermanos cuyas necesidades parecen menos urgentes suelen percibir estos momentos como favoritismo injusto en lugar de una respuesta parental adecuada.

Desarrollo de la identidad a través de la diferenciación

Especialmente en familias donde los hermanos tienen edades cercanas o son del mismo género, los niños desarrollan su identidad en parte diferenciándose de sus hermanos. Si uno destaca académicamente, otro puede centrarse en el deporte o en el arte para construir una identidad propia. Esta diferenciación es saludable, pero puede generar dinámicas competitivas en las que los niños sienten que deben superar a sus hermanos en su ámbito para mantener su posición única dentro del sistema familiar.

Conflictos reales de personalidad e intereses

Más allá de la competencia, los hermanos pueden tener personalidades, intereses o temperamentos incompatibles que generan fricción natural. El niño tranquilo e introvertido puede tener dificultades con un hermano extrovertido y ruidoso. El niño prudente y que sigue normas puede sentirse estresado por un hermano impulsivo y arriesgado. Estas diferencias no son problemáticas, sino variaciones humanas normales que requieren aprendizaje y adaptación.

Estrategia uno: dejar de comparar y empezar a celebrar la singularidad

Pocas conductas parentales intensifican tanto la rivalidad entre hermanos como las comparaciones. Aunque los adultos suelen usarlas como motivación —“¿Por qué no puedes ser tan ordenado como tu hermana?”— los niños las interpretan como mensajes sobre su valor relativo y la preferencia de los padres.

El daño de las comparaciones

Cuando se compara a los hermanos, surgen dinámicas destructivas: los niños creen que el amor y la aprobación dependen de superar al otro, los hermanos se convierten en amenazas en lugar de aliados y quienes salen peor parados desarrollan resentimiento hacia el hermano “favorecido” y hacia el adulto.

Incluso las comparaciones positivas generan problemas. Decir que uno es “el inteligente” y otro “el creativo” encierra a los niños en identidades limitadas y sugiere que no pueden desarrollar otras cualidades.

Celebrar las fortalezas individuales

Nuestras niñeras celebran las cualidades únicas de cada niño sin referirse a los hermanos. En lugar de “Eres mejor en matemáticas que tu hermano”, dicen “Te gusta resolver problemas, veo lo concentrado que estás en matemáticas”. Así se reconocen las fortalezas sin desvalorizar a los demás.

También evitan encasillar a los niños en roles fijos y celebran cuando el “deportista” muestra creatividad o el “tímido” demuestra valentía social, fomentando identidades más completas.

Reconocer necesidades individuales

Celebrar la singularidad implica reconocer que cada niño necesita cosas diferentes: algunos más afecto físico, otros más palabras de afirmación; algunos más ayuda emocional, otros más autonomía. Adaptar el cuidado a cada niño reduce la competencia por la atención.

Estrategia dos: justo no significa igual

Los niños tienen un fuerte sentido de la justicia, pero suelen entenderla como trato idéntico. El reto es enseñarles que la equidad significa que cada uno reciba lo que necesita.

Enseñar equidad en lugar de igualdad

Las niñeras explican este concepto con ejemplos concretos: “Tu hermano se acuesta más tarde porque es mayor y necesita menos sueño” o “Tú recibes ayuda extra con la lectura y tu hermana con matemáticas”. Así se entiende que la justicia no es dar lo mismo, sino lo necesario.

Gestionar el “¡no es justo!”

Aunque protesten, se valida la emoción sin cambiar el límite: “Entiendo que te frustre, cuando tengas su edad tendrás el mismo horario”. También se les ayuda a ver cuándo ellos reciben consideraciones especiales.

Privilegios y responsabilidades según la edad

Los mayores tienen más privilegios y responsabilidades, y los pequeños deben verlo como algo que llegará con el tiempo, no como una injusticia permanente.

Estrategia tres: crear oportunidades de colaboración

No solo se trata de reducir conflictos, sino de construir vínculos positivos mediante experiencias colaborativas donde los hermanos tengan éxito juntos.

Más allá de “compartir”

Obligar a compartir suele generar resentimiento. En cambio, las actividades colaborativas —construcciones, proyectos artísticos, búsquedas del tesoro en equipo— fomentan la cooperación real.

Trabajo en equipo contra los adultos

A los niños les encanta formar equipo contra los adultos en retos o juegos. Estas experiencias crean recuerdos positivos y refuerzan la alianza entre hermanos.

Reconocer contribuciones complementarias

Se destacan las fortalezas de cada uno dentro del equipo: “Tu hermana tuvo la idea y tú encontraste cómo construirla”. Así aprenden a valorar sus diferencias.

Práctica diaria de la colaboración

La cooperación se integra en las rutinas diarias: poner la mesa juntos, ordenar el cuarto o realizar tareas en equipo.

Otras consideraciones para la armonía entre hermanos

Tiempo individual con cada niño

El tiempo uno a uno reduce la competencia por la atención y hace que cada niño se sienta valorado individualmente.

Evitar el favoritismo

Los adultos deben ser conscientes de no mostrar preferencias, incluso de forma inconsciente, para no intensificar la rivalidad.

Enseñar habilidades de resolución de conflictos

Se enseñan habilidades como usar palabras en lugar de agresión, escuchar turnándose, buscar soluciones y saber cuándo pedir ayuda.

Perspectiva a largo plazo

El objetivo no es la armonía constante, sino construir relaciones duraderas. Los hermanos que aprenden a gestionar diferencias y colaborar suelen convertirse en adultos que se apoyan mutuamente.

Conclusión

La rivalidad entre hermanos no desaparecerá, ni debería hacerlo. Enseña habilidades esenciales para la vida. La diferencia entre una rivalidad destructiva y un conflicto saludable depende en gran medida de cómo los adultos gestionen estas dinámicas.

En The Governess & Co, nuestras niñeras aplican estrategias que reducen la rivalidad destructiva y fortalecen los vínculos: celebrar la singularidad, enseñar equidad y crear experiencias colaborativas.

Invertir en la gestión consciente de la relación entre hermanos no solo aporta paz en la infancia, sino que construye lazos que ofrecerán apoyo y conexión durante toda la vida.